Marruecos promulga ley de bienestar animal en medio de controversias por restricciones a la alimentación pública

Marruecos ha aprobado su primera normativa a nivel nacional para la protección de los animales desamparados, una medida que, si bien introduce castigos por crueldad animal, incluyendo penas de prisión de hasta medio año y multas económicas significativas, ha suscitado críticas. La controversia surge particularmente por una disposición que prohíbe el suministro de alimento a estos seres en espacios públicos, una tradición arraigada en la cultura marroquí. Esta ley emerge en un contexto donde la superpoblación de perros y gatos callejeros presenta desafíos importantes para la salud y seguridad pública, con estimaciones que superan los tres millones de cánidos.

A pesar de las intenciones de proteger a los animales, la ley ha sido objeto de fuerte oposición por parte de diversas asociaciones. Un punto de fricción es el artículo que impone multas considerables por alimentar, ofrecer refugio o asistencia médica a estos animales en calles o portales comunitarios. Esta medida es vista como represiva y contraria a las prácticas humanitarias de muchos ciudadanos, quienes, siguiendo la tradición islámica que considera sagrados a los felinos, suelen interactuar y cuidar de los animales callejeros. Las organizaciones defensoras de los derechos animales han expresado su profunda inquietud, advirtiendo que la nueva legislación podría criminalizar a aquellos que, de forma altruista, se dedican a ayudar a estas criaturas.

Además de las polémicas restricciones, la legislación marroquí también aborda la prevención del maltrato animal, la violencia y la matanza injustificada, imponiendo multas elevadas y penas de cárcel por tales actos. La normativa también persigue la gestión de refugios no autorizados, estableciendo multas sustanciales para quienes operen sin licencia oficial. Como aspecto positivo, la ley fomenta la creación de centros de acogida, tanto públicos como privados, y propone un sistema de seguimiento digital para los animales mediante microchips y registros en una base de datos nacional, buscando un control más efectivo y una mejor gestión de la población animal.

La legislación marroquí en torno a los animales callejeros es un paso hacia la formalización de su protección, pero su implementación requiere un equilibrio delicado entre la regulación y el fomento de la compasión. Es esencial que las leyes no solo castiguen el maltrato, sino que también promuevan una cultura de cuidado y respeto, garantizando que el apoyo a los seres vivos más vulnerables sea reconocido y facilitado, no penalizado. La sociedad se enriquece cuando sus miembros demuestran empatía y responsabilidad hacia todas las formas de vida.