Un Último Bastión de Esperanza: El Destino de la Dendroseris neriifolia en la Isla Robinson Crusoe

En un rincón apartado de la Isla Robinson Crusoe, un árbol ancestral, el último de su estirpe silvestre, lucha por sobrevivir en el borde de un acantilado, sostenido por cuerdas. Este ejemplar de Dendroseris neriifolia, que se estima tiene unos 150 años, es un testimonio de la fragilidad de la vida y un llamado urgente a la conservación. Sin embargo, en medio de esta desoladora realidad, emerge un rayo de esperanza gracias a los esfuerzos internacionales. En los Reales Jardines Botánicos de Kew, en Inglaterra, ocho pequeñas plántulas han brotado de sus semillas, y dos de ellas ya han encontrado un nuevo hogar en el jardín botánico de Logan, en Escocia. Esta iniciativa conjunta, que reúne a científicos y conservacionistas de Chile y el Reino Unido, busca evitar la desaparición de esta especie única, un pariente arbóreo de las margaritas, cuya supervivencia depende ahora de la delicada labor de la ciencia y la colaboración global.

Detalles de la Noticia: Una Lucha Contra el Tiempo por la Supervivencia Vegetal

La historia de la Dendroseris neriifolia, conocida localmente como colecillo o col de Juan Fernández, se desarrolla en la escarpada ladera de la quebrada El Lápiz, en la Isla Robinson Crusoe, parte del archipiélago chileno de Juan Fernández. Este robusto arbusto, que puede alcanzar los cuatro metros de altura y un tronco de 30 centímetros de diámetro, es una "margarita arbórea" endémica de la isla. Sus hojas coriáceas, que evocan a las de la adelfa, y sus flores blancas lo hacen inconfundible. El acceso a su único ejemplar silvestre es una tarea ardua y peligrosa, requiriendo de equipos especializados y una planificación meticulosa para recolectar sus semillas cada mes de marzo, cuando maduran sus frutos.

La población de esta especie ha sufrido un declive dramático: de ocho ejemplares silvestres en 1980, hoy solo queda uno, lo que representa una pérdida del 87.5%. Factores como la erosión, que afecta al 75% de la superficie de la isla, y la introducción de especies invasoras como ratas, conejos, cabras y vacas, que se alimentan de las plantas jóvenes, han contribuido a su precario estado. Además, la hibridación en cultivos ex situ y la baja viabilidad de sus semillas complican aún más los esfuerzos de conservación.

En la primavera de 2026, un total de 29 semillas llegaron al Millennium Seed Bank de Kew en Wakehurst, Sussex. Tras un minucioso análisis, se determinó que 24 de ellas eran viables. Gracias a la pericia de las especialistas Sarah Gattiker y Alice Livingstone, y el asesoramiento de CONAF, se lograron germinar ocho plántulas directamente en sustrato, minimizando riesgos. Estas jóvenes plantas representan una esperanza fundamental para la especie.

A mediados de septiembre de 2026, dos de estas valiosas plántulas emprendieron un viaje de más de 480 kilómetros hacia el norte, llegando al Jardín Botánico de Logan, en Dumfries y Galloway, Escocia. Este jardín, con su clima templado, es un santuario ideal para plantas del hemisferio sur, incluyendo otras especies chilenas y del Archipiélago Juan Fernández. Richard Baines, conservador de Logan, destacó la afinidad de estas especies con el clima escocés y la sólida colaboración con científicos chilenos.

El Archipiélago de Juan Fernández es un punto caliente de biodiversidad, albergando la mayor densidad de especies endémicas por kilómetro cuadrado del planeta, pero también se encuentra entre los más amenazados. Según Felipe Sáez, administrador del Parque Nacional, el porcentaje de especies amenazadas en el archipiélago ha aumentado del 45% al 88% en los últimos 30 años. La pérdida de la Dendroseris neriifolia no solo significaría la extinción de un linaje único, sino que también afectaría a otras especies, como el picaflor de Juan Fernández, un colibrí en peligro crítico que se alimenta de su néctar.

Aunque la germinación de ocho plántulas es un avance significativo, la supervivencia de la especie aún está lejos de garantizarse. Las plantas deben madurar, producir sus propias semillas y, eventualmente, restablecer poblaciones silvestres, un proceso que requiere de una inversión a largo plazo en la restauración del hábitat, el control de especies invasoras y reintroducciones cuidadosamente planificadas. Este ambicioso proyecto cuenta con el respaldo financiero del fondo Mohamed bin Zayed para la conservación de especies, con planes de enviar más semillas al Reino Unido en el próximo año.

Esta historia nos recuerda la interconexión de la vida en nuestro planeta y la importancia de cada especie, por pequeña o remota que sea. La valentía de los recolectores en acantilados remotos, la dedicación de los científicos en laboratorios lejanos y la colaboración entre naciones son pilares fundamentales para proteger la biodiversidad global. La supervivencia de la Dendroseris neriifolia se ha convertido en un símbolo de la lucha continua por preservar la riqueza natural de la Tierra y la esperanza de que, con esfuerzo y cooperación, la extinción pueda ser combatida. La recuperación de esta especie no solo salvaría un linaje único, sino que también enriquecería el ecosistema de su isla natal y ofrecería una lección invaluable sobre la resiliencia de la naturaleza y el poder de la conservación.