Preocupación por la muerte de cetáceos tras traslados entre delfinarios: FAADA exige revisión de prácticas
La Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) ha alzado la voz ante una preocupante serie de eventos: ocho cetáceos, incluyendo delfines y belugas, han perdido la vida poco después de ser trasladados entre diferentes delfinarios. La organización destaca que algunos de estos animales ya padecían enfermedades crónicas antes de sus reubicaciones, lo que plantea serias dudas sobre los protocolos veterinarios aplicados y las condiciones bajo las cuales se efectúan estos movimientos. FAADA subraya la necesidad urgente de una revisión exhaustiva de las evaluaciones pre-traslado y las circunstancias que rodean estas operaciones, argumentando que estos fallecimientos reabren el debate sobre los riesgos inherentes al transporte y la vida en cautiverio de mamíferos marinos, y critica que estas acciones se presenten como "rescates" cuando, en realidad, solo implican el cambio de un centro de exhibición a otro, perpetuando su explotación.
En un lapso de pocas semanas, ocho cetáceos provenientes de Marineland Canadá y Marineland Antibes (Francia) han fallecido en diversas instalaciones en España y Estados Unidos. Entre las primeras víctimas se encuentran Peekachu y Rain, dos belugas que murieron en el Shedd Aquarium de Chicago. Les siguieron Jelly Bean y Echo, en el Oceanogràfic de València, así como Osiris y Caspian, también en Chicago. Más recientemente, se confirmaron las muertes de Rocky, un delfín con una larga historia de traslados, y Cyprus, una joven beluga en SeaWorld San Diego. Estos decesos han generado una profunda preocupación en FAADA, que los considera una clara señal de los problemas de bienestar asociados al cautiverio y los riesgos que implican los traslados de estos animales entre diferentes centros. La fundación insiste en que estas "reubicaciones" no significan una mejora en la calidad de vida de los cetáceos, sino que los exponen a nuevos estresores y riesgos para su salud, sin ofrecerles una verdadera liberación.
Uno de los puntos más críticos señalados por FAADA es que varios de estos cetáceos ya presentaban patologías crónicas antes de ser trasladados, una situación confirmada por los propios centros, como el Shedd Aquarium. A pesar de estas condiciones preexistentes, los animales fueron sometidos a los rigores del transporte y la adaptación a nuevos entornos, procesos que conllevan un riesgo significativo, especialmente para individuos de edad avanzada o con problemas de salud. La bióloga Andrea Torres, de FAADA, enfatiza que trasladar un cetáceo de un delfinario a otro no implica su liberación, sino un cambio de un recinto de explotación a otro, donde pueden seguir siendo exhibidos y, potencialmente, utilizados para la reproducción. Además, las autorizaciones de exportación de Canadá no restringen la reproducción en los centros de destino, lo que podría perpetuar el ciclo de animales nacidos en cautiverio.
FAADA también critica la inconsistencia de la industria de los delfinarios, que por un lado defiende la viabilidad de mantener cetáceos en tanques artificiales, pero por otro, desestima la creación de santuarios marinos argumentando que el traslado a estos espacios sería demasiado arriesgado. Esta doble moral se hace evidente cuando los traslados entre instalaciones de exhibición se autorizan sin mayores reparos, incluso para animales enfermos. La fundación cuestiona por qué el riesgo es aceptable cuando el destino es otro delfinario, pero inaceptable si se trata de un santuario. Aunque no se puede afirmar que los traslados sean la causa directa de todas las muertes, estos incidentes resaltan la necesidad de una evaluación rigurosa de las condiciones de autorización, las valoraciones veterinarias y los riesgos asumidos en cada operación.
Ante esta situación, FAADA insta a las autoridades públicas, especialmente en España, a tomar medidas urgentes. La fundación propone prohibir la reproducción de cetáceos en cautiverio, poner fin a su explotación con fines de entretenimiento y promover activamente la creación de santuarios marinos. Estos santuarios ofrecerían a los animales que no pueden ser reintroducidos en la naturaleza un entorno más adecuado y natural para pasar el resto de sus vidas, lejos de la exhibición comercial. Virginia Iniesta, veterinaria de FAADA, destaca la responsabilidad de España, como el país con más delfinarios de Europa, de liderar el cambio hacia alternativas que prioricen el bienestar animal. Además, se subraya la importancia de considerar la dimensión social de estos animales, ya que estudios han demostrado que los delfines mantienen lazos sociales complejos y reconocen a sus congéneres incluso después de décadas de separación, un factor crucial que debe ser tenido en cuenta en cualquier decisión de reubicación.

