Descenso global en la deforestación: un análisis de los desafíos y progresos
En el año 2025, la disminución de la deforestación a nivel mundial se hizo evidente, registrando una reducción del 15% en comparación con el período anterior. A pesar de este avance, la pérdida total de cobertura forestal ascendió a siete millones de hectáreas, una cifra que aún dista de la meta establecida para 2030 de erradicar por completo la deforestación. Este panorama resalta la urgencia de intensificar los esfuerzos y políticas de conservación para lograr un impacto significativo en la protección de los ecosistemas forestales del planeta.
Este análisis se deriva de la reciente Evaluación de la Declaración Forestal, una iniciativa independiente impulsada por una alianza de más de dos docenas de entidades civiles y académicas. Su objetivo es monitorear el cumplimiento de los compromisos de protección forestal acordados por 145 naciones en la cumbre climática de Glasgow en 2021. En aquella ocasión, se pactó detener la deforestación y restaurar un 30% de los hábitats degradados para el año 2030. La incapacidad de cumplir con esta meta ha resultado en la desaparición de 10.7 millones de hectáreas de bosque, lo que equivale al tamaño de Islandia, representando la brecha entre el progreso esperado y la destrucción real.
Iván Palmegiani, coautor del informe, enfatiza que el retroceso en los objetivos globales de deforestación ha sido constante desde 2021. Cada hectárea de bosque que se pierde hoy agrava la deuda ambiental que las generaciones presentes y futuras deberán asumir para cumplir con el compromiso de detener la destrucción forestal. Para alcanzar la ambiciosa meta de deforestación cero en 2030, se habría requerido una reducción anual de aproximadamente un millón de hectáreas de deforestación desde 2021. No obstante, hasta 2024, esta cifra se mantuvo en alrededor de 8.3 millones de hectáreas. En 2024, la deforestación debería haber sido de no más de 5 millones de hectáreas, pero se disparó a 8 millones. Para 2025, la cifra ideal era de 4.2 millones de hectáreas, aunque lamentablemente se situó en 7 millones.
Un aspecto preocupante del informe de 2025 es que la deforestación anual en el África tropical ha igualado, por primera vez, a la de América Latina tropical, región que tradicionalmente ha sido el epicentro de la pérdida forestal. Específicamente, la Cuenca del Congo, hogar de vastas extensiones de bosque tropical virgen, perdió 2.4 millones de hectáreas, mientras que América Latina registró una pérdida de 2.5 millones de hectáreas. Esta convergencia se atribuye a trayectorias divergentes en las políticas de conservación: mientras algunos países latinoamericanos lograron una reducción del 33% gracias a medidas efectivas, en África, la ausencia de políticas robustas ha permitido que la expansión agrícola, la tala y la minería impulsen la pérdida forestal.
A pesar de los logros en América Latina, el informe alerta sobre la fragilidad de la protección forestal en la región, la cual depende en gran medida de las decisiones políticas de unos pocos gobiernos. Esta situación es particularmente preocupante en países como Brasil, donde las políticas de conservación del presidente Luiz Inácio Lula da Silva podrían revertirse, así como en Colombia y Perú. Otro factor de alarma es el impacto del calentamiento global que, junto con la deforestación, amenaza con desencadenar puntos de inflexión que alteren los ciclos naturales de humedad del bosque. En el Asia tropical, la deforestación en 2025 alcanzó 1.6 millones de hectáreas, una disminución del 12% respecto a los niveles de referencia (2018-2021), un avance modesto si se compara con los de América Latina.
La degradación de los bosques tropicales disminuyó un 34% hasta los 3.5 millones de hectáreas, un contraste marcado por los incendios forestales que asolaron Europa e Indonesia el año anterior. El informe también advierte que un fenómeno de "súper El Niño" podría desencadenar un aumento drástico en la degradación forestal relacionada con incendios en la mayoría de las regiones tropicales. El estudio, divulgado antes de la COP31 en Turquía, subraya la necesidad de implementar "políticas firmes respaldadas por una aplicación rigurosa", dado que las medidas voluntarias, por bien intencionadas que sean, pueden desvanecerse rápidamente. Robert Nasi, director general del Centro de Investigación Forestal Internacional (CIFOR), concluye que la permanencia de la conservación requiere marcos legales vinculantes, derechos de tenencia exigibles para las comunidades locales y la eliminación de subsidios que financian la destrucción. Sin estos cimientos, la detención de la pérdida forestal será temporal, no definitiva.

