Denegada petición para suspender la caza de lobos en Cantabria
El Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) ha rechazado la petición de la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (Ascel) de paralizar la cuota de caza de lobos establecida por la Consejería de Desarrollo Rural de Cantabria para el año 2026. Esta resolución judicial subraya la complejidad de equilibrar la protección de la fauna salvaje con las necesidades socioeconómicas de la comunidad ganadera.
La Consejería había determinado un cupo de 35 ejemplares de lobo para ser cazados este año, con el objetivo de gestionar la población de la especie en la región. Es importante destacar que, de esta cifra, cinco lobos ya habían sido extraídos antes de que Ascel presentara su denuncia en junio, lo que reducía el número efectivo en el momento de la resolución judicial a 30. La consejera María Jesús Susinos ya había explicado esta situación previamente.
En su dictamen, la Sala de lo Contencioso Administrativo del TSJC impuso una multa de 300 euros a Ascel por las costas del proceso. La principal razón esgrimida por el tribunal para denegar la medida cautelar fue la necesidad de "sopesar y conciliar" tanto la preservación del lobo ibérico como los intereses económicos de la ganadería cántabra, incluyendo las explotaciones individuales. El auto judicial enfatiza que la autorización de extracción no es una licencia "genérica e indiscriminada", sino que busca un punto medio entre las diversas posturas.
El tribunal argumenta que, a primera vista y sin prejuzgar el fondo del asunto, la decisión de la Consejería de Cantabria parece ser la más equilibrada, ya que considera todos los intereses en juego. Además, señala que los daños causados al ganado no solo afectan a terceros, sino que son compensados con fondos públicos, lo que traslada el problema al ámbito presupuestario y a la asignación de recursos estatales.
En resumen, la decisión judicial no es solo un reflejo de la disputa entre conservacionistas y ganaderos, sino también un intento de hallar un punto de equilibrio entre la protección de la biodiversidad y el desarrollo sostenible de las actividades económicas rurales. La sentencia refuerza la idea de que la gestión de especies protegidas como el lobo requiere una consideración cuidadosa de todos los factores implicados, incluidos los aspectos ecológicos y socioeconómicos.

