De la Estancia El Leoncito a Parque Nacional: Una Historia de Transformación y Memoria
La transformación de la antigua estancia El Leoncito en un parque nacional representa un fascinante estudio de caso sobre la intersección de la historia regional, la conservación ambiental y las implicaciones sociales. Ubicada en la provincia de San Juan, Argentina, esta vasta extensión de tierra, que alguna vez fue un próspero centro agroganadero, ahora es un santuario natural. La investigación de la antropóloga Josefina Galuchi, basada en relatos orales de los antiguos residentes, arroja luz sobre las vidas que florecieron en este territorio antes de su conversión, detallando las prácticas productivas, las dinámicas comunitarias y los desafíos enfrentados por sus habitantes. Este proceso de cambio, desde una vibrante comunidad agraria hasta un área protegida, no solo redefinió el paisaje físico sino que también reconfiguró las vidas y los recuerdos de aquellos que lo llamaron hogar.
La trayectoria de El Leoncito subraya una tensión fundamental en la política de conservación: la coexistencia de la protección ecológica y el bienestar humano. La creación del parque nacional, motivada en parte por la necesidad de preservar las excepcionales condiciones celestes para la observación astronómica, implicó la reubicación de familias y la alteración de modos de vida arraigados. Este cambio drástico, inicialmente percibido como un modelo de "conservación sin gente", dejó profundas huellas en la memoria colectiva de los exresidentes. Sus testimonios, ricos en detalles sobre la labor cotidiana, las tradiciones y el impacto del desalojo, ofrecen una perspectiva crítica sobre cómo las decisiones de conservación a gran escala pueden afectar a las comunidades locales, resaltando la importancia de integrar las dimensiones humanas en los planes de manejo ambiental.
Del Corazón Agroganadero al Santuario Estelar
Las vastas extensiones de lo que hoy es el Parque Nacional El Leoncito, en la provincia argentina de San Juan, constituyeron históricamente una estancia de aproximadamente 80.000 hectáreas. Durante siglos, esta tierra fue el escenario de una activa vida agroganadera, donde se criaba ganado, se elaboraban quesos artesanales y se producían dulces caseros. Un estudio reciente, publicado el 1 de julio de 2026, documenta a través de quince entrevistas las vivencias de los antiguos pobladores, recuperando la memoria de una época pasada. Este esfuerzo de investigación, liderado por la antropóloga Josefina Galuchi de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, se gestó durante su periodo como técnica en la Administración de Parques Nacionales (APN) entre 2014 y 2022, la entidad responsable de la gestión del parque.
La estancia El Leoncito, situada en el departamento de Calingasta, al suroeste de San Juan, funcionó activamente desde el siglo XVIII hasta finales del siglo XX. En su época de mayor esplendor ganadero, alrededor de la década de 1930, la finca empleaba de forma permanente a entre 25 y 50 trabajadores, quienes residían allí con sus familias. Adicionalmente, durante ciertas temporadas, se sumaban trabajadores temporales para tareas específicas. Los campos eran esenciales para el pastoreo, el cultivo de hortalizas y la elaboración de productos lácteos y dulces. Los peones también tenían la oportunidad de pastorear sus propios animales y cultivar pequeñas parcelas para su subsistencia. La APN, en su registro de patrimonio cultural, señala que esta estancia era parte de una red de fincas cercanas a la frontera con Chile, facilitando el intercambio de mercancías en ambas direcciones, lo que resalta su importancia económica y estratégica en la región.
El Legado de una Transición: Comunidad y Naturaleza
La transformación de la estancia El Leoncito en un área protegida marcó un punto de inflexión significativo para sus habitantes. El Estado expropió formalmente las tierras en 1979, aunque la producción agrícola y ganadera continuó hasta 1994, año en que el Decreto 46/94 estableció la Reserva Natural Estricta El Leoncito. Esta nueva categoría legal impuso restricciones severas, prohibiendo los asentamientos humanos, el acceso público, las nuevas construcciones y el tránsito vehicular, permitiendo únicamente la vigilancia y la investigación científica. Posteriormente, en 1996, San Juan transfirió la jurisdicción de la reserva a la Nación mediante la Ley 6764, y el Congreso Nacional ratificó esta cesión con la Ley 25.656, promulgada el 18 de septiembre de 2002, declarando el área como parque nacional. A partir de entonces, según el estudio de Galuchi, se fue abriendo progresivamente al turismo, y hoy el parque abarca 89.706 hectáreas, una cifra que corresponde al área protegida actual, diferenciándose de la extensión original de la estancia.
La razón fundamental para la creación de esta reserva radicaba en la excepcional calidad de su cielo. Décadas antes, la zona había sido elegida para la instalación del Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) y la Estación Astronómica Carlos U. Cesco. La descripción oficial del parque destaca "más de 300 noches despejadas por año", lo que subraya la importancia de mantener la atmósfera inalterada para la observación celeste, protegiéndola de la contaminación lumínica, un problema global que ha visto un aumento del 16% en menos de una década. Aunque el terreno puede parecer un desierto, alberga tres ecorregiones diversas: Altos Andes, Puna y Monte de Sierras y Bolsones. En sus llanuras habitan guanacos, zorros colorados, pumas y el suri cordillerano, mientras que en el arroyo vive el bagrecito del Leoncito, una especie de pez endémica. El estudio de Galuchi señala una clara delimitación entre los observatorios y el parque, una división entre el "cielo" y la "tierra" que, según la autora, ha influido en la gestión del área protegida.

