Marismas bajo la lupa: La resistencia del suelo y los límites de la vegetación frente a olas extremas
Un reciente estudio científico ha puesto de manifiesto la asombrosa capacidad de las marismas para actuar como barreras naturales frente a la fuerza del oleaje. Estas formaciones geográficas, ricas en biodiversidad, son capaces de reducir la energía de las olas entre un 10% y un 50% en costas resguardadas. Sin embargo, la investigación también señala que esta protección tiene sus límites, especialmente cuando la vegetación de las marismas se ve sometida a embates marinos extremos. El estudio, que incluyó la recreación de condiciones oceánicas severas en un canal experimental con olas de hasta dos metros, aporta datos cruciales para entender el papel de estos ecosistemas en la defensa costera y subraya la necesidad de integrar su conservación en estrategias de protección litoral más amplias y adaptadas a las particularidades de cada zona.
La investigación se llevó a cabo con una metodología innovadora: se extrajeron grandes bloques de marisma de los Países Bajos y se trasladaron al Delta Flume, un canal experimental donde se simularon oleajes de gran intensidad. Este enfoque permitió a los científicos observar directamente cómo el suelo y la vegetación de las marismas reaccionaban ante fuerzas que normalmente no se pueden estudiar de forma controlada en el entorno natural. Los resultados obtenidos son de gran valor, ya que precisan las condiciones bajo las cuales estos humedales pueden contribuir eficazmente a la protección contra la erosión y la acción del mar, ofreciendo una perspectiva más clara sobre su potencial como complemento a estructuras de defensa costera tradicionales, como los diques.
En diversas regiones del mundo, las marismas representan ecosistemas vitales que actúan como amortiguadores naturales contra los embates del océano. En España, por ejemplo, áreas como las marismas del Odiel o la bahía de Cádiz son reconocidas por su biodiversidad y su papel en la regulación costera. En los Países Bajos, donde una parte significativa del territorio se encuentra por debajo del nivel del mar, las marismas saladas, conocidas como kwelders, son una primera línea de defensa crucial contra las tormentas del Mar del Norte. El experimento reciente reveló que, si bien el suelo de estas marismas demostró una notable resistencia a la erosión incluso frente a olas de dos metros, la vegetación sufrió daños significativos, perdiendo hasta el 80% de su biomasa en condiciones extremas. A pesar de esta degradación, las plantas continuaron contribuyendo a mitigar la fuerza de las olas, aunque su eficacia disminuía considerablemente con oleajes superiores a un metro.
El proceso de trasladar y mantener los bloques de marisma para el experimento fue una tarea compleja y delicada. En 2023, se cortaron 66 bloques de marisma de entre 3.000 y 6.000 kilogramos de la reserva de Peazemerlannen. Utilizando maquinaria pesada, estos bloques fueron transportados al Deltares Delta Flume, donde fueron cuidados durante todo el invierno antes de someterlos a las pruebas. Este meticuloso proceso permitió a los investigadores obtener datos precisos sobre la interacción entre las olas y la estructura de las marismas, llenando un vacío de conocimiento sobre cómo estos humedales se comportan frente a oleajes de más de un metro de altura.
Los hallazgos del estudio sugieren que, si bien las marismas son aliadas importantes en la protección costera, no pueden ser consideradas un sustituto completo de infraestructuras como los diques. Expertos abogan por un enfoque de defensa costera híbrido, donde diques y marismas trabajen en conjunto para maximizar la protección. La adaptabilidad de las marismas españolas, muchas de ellas ubicadas en costas más abrigadas, sugiere que podrían enfrentar oleajes de temporal moderados de manera efectiva, aunque se requiere una evaluación más profunda de las condiciones locales. La investigación también destaca la importancia de proteger y restaurar estos ecosistemas, no solo por su capacidad de atenuar el impacto de los temporales, sino también por su valor climático como ecosistemas de carbono azul, contribuyendo a la captura y almacenamiento de carbono en sus sedimentos.
En resumen, la investigación subraya la importancia fundamental de las marismas como defensas naturales contra la erosión costera y los temporales marinos. Aunque la vegetación de estos ecosistemas puede tener limitaciones frente a olas de gran magnitud, su suelo demuestra una resiliencia considerable. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de integrar la conservación y restauración de las marismas en estrategias de gestión costera que promuevan soluciones híbridas, combinando la protección natural con infraestructuras ingenieriles. Es crucial proteger los humedales existentes y proporcionarles el espacio y el sedimento necesarios para que puedan crecer y adaptarse a los cambios en el nivel del mar, asegurando así su papel vital en la protección de nuestras costas y su contribución a la lucha contra el cambio climático.

