Comunidad Bamasobha: De Desplazados a Guardianes de la Naturaleza en el Congo
En el corazón de la República Democrática del Congo, una comunidad ha transformado una dolorosa experiencia en un modelo innovador de custodia ambiental. Los herederos de familias que se vieron obligadas a abandonar los bosques de Maiko ahora desempeñan un papel fundamental en la administración de la Concesión Forestal Comunitaria Local de Bamasobha. Esta vasta área, que abarca aproximadamente 29,000 hectáreas, ha experimentado una notable disminución en la pérdida de superficie forestal, pasando de 940 hectáreas en 2024 a apenas 120 en 2025, según datos satelitales de Global Forest Watch. Este logro subraya una verdad esencial: la conservación se fortalece cuando las personas que viven en proximidad a la naturaleza poseen derechos claros, normas establecidas y la capacidad de protegerla activamente, transformando la preservación de una imposición externa a una responsabilidad compartida.
Reportaje Detallado: La Metamorfosis de Bamasobha
La historia del Parque Nacional de Maiko, establecido en 1970 en el este de la República Democrática del Congo, es una dualidad. Conocido por su invaluable biodiversidad, que incluye al gorila de Grauer, el okapi, el pavo real del Congo, chimpancés y elefantes de bosque, también es escenario de un pasado complicado. Gangala Yafali Mangusa Jr., actual líder del comité local de Bamasobha, rememora cómo los guardaparques impusieron restricciones severas, prohibiendo a los habitantes locales el acceso al bosque y la caza, lo que interrumpió drásticamente sus modos de vida ancestrales.
No obstante, la narrativa ha dado un giro esperanzador. Hoy, Mangusa Jr. encabeza patrullas comunitarias en Lubero, Kivu del Norte. Su equipo no solo combate la caza furtiva, la tala ilegal y la minería artesanal, sino que también se esfuerza por mitigar los impactos negativos sobre la biodiversidad antes de que sean irreparables. La clave de esta transformación radica en la participación activa de los propios habitantes, como los Batwa y Bapiri, quienes ahora vigilan y gestionan su territorio. Esta estrategia ha demostrado que la presencia de "los primeros ojos" —es decir, los residentes— sobre el terreno es fundamental para detectar y prevenir amenazas ambientales.
El pilar de este cambio reside en la creación de la Concesión Forestal Comunitaria Local (CFCL), una figura que otorga derechos legales sobre el territorio a las comunidades. En marzo de 2021, el gobernador de Kivu del Norte formalizó la concesión de Bamasobha sobre 29,142 hectáreas, lo que empoderó a la comunidad como administradora legal de su tierra ancestral. Este proceso fue el resultado de un esfuerzo colaborativo que incluyó cartografía participativa, acuerdos con comunidades vecinas y el respaldo de organizaciones como Rainforest Foundation UK, PREPPYG y Réseau CREF.
En 2023, las comunidades de Bamasobha implementaron un plan de gestión que zonifica el territorio para diversas actividades: producción, conservación, desarrollo, protección y regeneración. Este enfoque reconoce la complejidad del ecosistema, permitiendo un uso sostenible de los recursos en algunas áreas mientras se prioriza la protección de la vida silvestre en otras. La eficacia de este modelo se refleja en la drástica reducción de la deforestación, un descenso cercano al 87%. Aunque los datos satelitales son prometedores, los facilitadores locales enfatizan que la vigilancia comunitaria ha sido crucial para reducir la tala a gran escala y favorecer la recuperación gradual de especies animales. Un claro ejemplo es la gestión de una carretera reciente que cruza la concesión; a pesar de que podría haber impulsado la tala ilegal, la vigilancia comunitaria ha evitado este escenario.
Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. La región enfrenta problemas de infraestructura, logística y sensibilización. Además, la inseguridad, exacerbada por la presencia de grupos armados en 2024 y la incursión de agentes externos para la caza ilegal, convierte la vigilancia forestal en una labor peligrosa. A pesar de estos obstáculos, el modelo de Bamasobha forma parte de un movimiento más amplio en la RDC, con más de 230 bosques comunitarios que cubren más de 4.5 millones de hectáreas, y un corredor de biodiversidad de 1 millón de hectáreas en desarrollo.
La lección de Bamasobha es contundente: proteger la naturaleza sin la participación de las comunidades puede generar conflictos duraderos. Por el contrario, reconocer a las comunidades como custodios de sus tierras no solo beneficia al bosque, sino que también restaura la dignidad, la memoria y el futuro de estas poblaciones. El sostenimiento de este éxito dependerá de la financiación, la transparencia en los beneficios, las alternativas económicas y la seguridad, así como de la inclusión de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas en la toma de decisiones.
Este inspirador caso, documentado por Mongabay y Global Forest Watch, y analizado en la revista Parcours et Initiatives, demuestra que incluso en entornos complejos, la colaboración entre comunidades y naturaleza puede forjar un futuro más esperanzador.

