Urgencia Global: Proteger los Pastizales para un Futuro Sostenible
Los pastizales, vastos ecosistemas que cubren más de la mitad de la superficie terrestre, son vitales para la vida de miles de millones de personas y desempeñan un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, se enfrentan a una degradación alarmante, con casi la mitad en estado crítico. A pesar de su importancia para la seguridad alimentaria mundial y la conservación de la biodiversidad, estos ecosistemas no reciben la atención que merecen. La Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17), celebrada en Mongolia, ha puesto de manifiesto la urgencia de invertir en su protección y en el apoyo a las comunidades que dependen de ellos.
La Alarma de Mongolia: La ONU Exige Acción Urgente para los Pastizales
Del 17 al 28 de agosto de 2026, la capital de Mongolia, Ulán Bator, se convirtió en el epicentro de la acción global contra la desertificación y la degradación de la tierra, albergando la 17.ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD). En este crucial encuentro, delegados de las 197 Partes de la CNULD, junto a líderes gubernamentales, representantes empresariales, la sociedad civil, científicos, jóvenes, pueblos indígenas y comunidades pastoriles y agrícolas, se reunieron con un objetivo común: forjar soluciones a los desafíos entrelazados de la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía.
El Ministro de Medio Ambiente y Cambio Climático de Mongolia, Sandag-Ochir Tsend, enfatizó la necesidad de que los resultados de la COP17 trasciendan las decisiones negociadas, traduciéndose en acciones concretas, mayores inversiones y alianzas más sólidas. Su llamado a la acción se centró en detener y revertir la degradación de la tierra, proteger los valiosos pastizales y suelos, restaurar las áreas degradadas y combatir la desertificación.
La preocupación global por los pastizales se justifica ante datos alarmantes. Entre 2001 y 2023, la superficie mundial de praderas y pastos permanentes experimentó una pérdida estimada de 150 millones de hectáreas. Las causas de esta degradación son multifacéticas, abarcando desde la transformación de estos terrenos para uso urbano, minero o agrícola, hasta la expansión de infraestructuras y proyectos energéticos. Además, el cambio climático intensifica la frecuencia e intensidad de sequías e inundaciones, exacerbando la presión sobre estos ecosistemas y generando conflictos por recursos cada vez más escasos.
En Mongolia, por ejemplo, las comunidades pastoriles han mantenido durante siglos una simbiosis con los pastizales, moviéndose con sus rebaños para aprovechar las fuentes de agua y la vegetación. Este pastoreo rotativo, cuando se gestiona adecuadamente, permite la recuperación de la vegetación, dispersa semillas, protege hábitats silvestres y promueve ciclos saludables del suelo y del agua. Sin embargo, la interrupción de estas rutas migratorias tradicionales y la restricción del pastoreo a áreas más pequeñas impiden la regeneración natural de la tierra, acentuando su degradación.
La FAO y el Gobierno de Angola han proporcionado apoyo directo a las comunidades pastoriles en el sur del país, a través de los foros Jango Pastoril, lo que ha fortalecido la cohesión comunitaria para evitar la transformación y privatización de los pastizales. En el Sahel, se han asegurado formalmente casi 4.200 kilómetros de corredores pastoriles, lo que ha permitido que más de 13 millones de hectáreas de tierra se encuentren bajo gestión sostenible. España, desde 2023, ha implementado ecoesquemas para remunerar a los ganaderos por el pastoreo extensivo en pastizales naturales, bajo condiciones que aseguran la salud de estos ecosistemas.
El mensaje de la COP17 es claro: se debe pasar de ver los pastizales como “espacios vacíos e inútiles” a reconocerlos como paisajes esenciales, productivos y protectores, cruciales para el futuro global. Si bien la restauración de paisajes degradados es un indicador de éxito, el verdadero triunfo será la superficie de pastizales naturales que nunca necesite restauración alguna.
La preservación de los pastizales va más allá de la conservación ambiental; es una cuestión de justicia social y económica. Las comunidades pastoriles, guardianas de estos ecosistemas durante siglos, deben ser reconocidas y empoderadas. La directora adjunta de la División de Ecosistemas del PNUMA subraya que la pregunta clave es cómo evitar la degradación desde un principio. El éxito en este desafío determinará el futuro de millones de personas y la salud de nuestro planeta.

