La Restauración de Tierras: Una Inversión Global con Retornos Multimillonarios
La salud del suelo es un pilar fundamental para la prosperidad global, pero la degradación de las tierras se ha convertido en una alarmante carga económica que asciende a 878 mil millones de dólares cada año. Esta situación impacta directamente la subsistencia de agricultores y pastores, destruye empleos, eleva el coste de los alimentos y fuerza a los gobiernos a destinar cada vez más recursos a la gestión de crisis, como las sequías. Sorprendentemente, la restauración de estas tierras degradadas presenta una oportunidad única, con un potencial de retorno de hasta 1.8 billones de dólares en beneficios anuales. Por cada dólar invertido en recuperación, se estima un retorno económico de entre 7 y 30 dólares. A pesar de los planes nacionales bien estructurados que existen en más de 70 países con el apoyo de la UNCCD, la falta de financiamiento adecuado impide su implementación a gran escala. Las mujeres, en particular, enfrentan barreras significativas, ya que poseen una fracción mínima de las tierras y necesitan un mayor respaldo para prosperar. La vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, en la COP17 en Ulán Bator, ha recalcado la urgencia de integrar la salud del suelo en la agenda económica global y de garantizar que los países tengan los recursos necesarios para llevar a cabo sus planes de restauración.
La Urgencia de la Inversión en la Recuperación de Tierras: Un llamado desde Ulán Bator
En el vibrante marco de la Conferencia de las Partes (COP17) celebrada en Ulán Bator, capital de Mongolia, la vicesecretaria general de la Organización de las Naciones Unidas, Amina Mohammed, ha enfatizado la crítica necesidad de abordar la degradación de la tierra como un imperativo económico mundial. Mohammed destacó que, a pesar de la existencia de estrategias viables para la recuperación de millones de hectáreas degradadas, la escasez de financiamiento impide su realización plena. Subrayó que es considerablemente más ventajoso y efectivo prevenir la degradación del suelo que intentar revertir sus efectos una vez que la desertificación se ha arraigado, un proceso que a menudo resulta sumamente costoso e incluso inviable.
Mohammed señaló que, al ritmo actual de inversión, solo se alcanzarán 77 mil millones de dólares, muy lejos de los 355 mil millones anuales necesarios para combatir eficazmente este problema. En un discurso resonante, instó a la comunidad internacional a asegurar que el financiamiento sea accesible para que los países puedan implementar sus prioridades de restauración. Citó como ejemplo el ambicioso proyecto de la Gran Muralla Verde en el Sahel africano, que ha logrado recuperar más de 20 millones de hectáreas y ha generado empleo e ingresos para las comunidades locales, demostrando que con un respaldo mínimo, las naciones más empobrecidas pueden transformar sus paisajes. Resaltó además que, en Mali, bajo el liderazgo de Florence Banou, una cooperativa de mujeres en Bandiagara ha transformado tierras estériles en productivas, aumentando significativamente la producción de alimentos y obteniendo el apoyo municipal para expandir sus operaciones. Esta iniciativa no solo contribuye a la seguridad alimentaria, sino que también empodera a las mujeres, quienes a menudo enfrentan barreras desproporcionadas en el acceso a la propiedad de la tierra y los recursos. Para la vicesecretaria, una tierra saludable no es un lujo ambiental, sino un capital productivo y una infraestructura vital.
El Futuro de Nuestro Planeta: Empoderamiento y Sostenibilidad
La reflexión que surge de este importante debate en la COP17 es clara: la restauración de la tierra no es solo una cuestión ecológica, sino un pilar fundamental para el desarrollo económico y social global. Como sociedad, debemos reconocer la interconexión profunda entre la salud de nuestros ecosistemas y la estabilidad de nuestras comunidades. La inversión en la recuperación de tierras no es un gasto, sino una inversión estratégica que genera múltiples beneficios, desde la seguridad alimentaria y la creación de empleo hasta la mitigación de conflictos y el empoderamiento de las poblaciones más vulnerables, especialmente las mujeres. Es imperativo que los gobiernos, las organizaciones internacionales y el sector privado colaboren para movilizar los recursos financieros necesarios y asegurar que los planes nacionales de restauración puedan ser implementados a la escala requerida. Solo así podremos forjar un futuro más resiliente y equitativo para todos.

