La Península Ibérica alberga dos especies de conejos, un descubrimiento que redefine su conservación
Un reciente y exhaustivo estudio internacional ha transformado nuestra comprensión de la diversidad de conejos en la Península Ibérica. Hasta ahora, se asumía la existencia de una única especie de conejo, pero esta investigación pionera, encabezada por expertos del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) en Córdoba y con la participación de científicos de España, Portugal y el Reino Unido, ha revelado la presencia de dos especies distintas. Este descubrimiento no solo enriquece nuestro conocimiento biológico, sino que también tiene profundas implicaciones para las estrategias de conservación y gestión de la fauna en la región, especialmente para el conejo ibérico, que enfrenta un preocupante declive poblacional.
Detalles de la Revelación Científica sobre la Diversidad del Conejo Ibérico
El día 13 de julio de 2026, la comunidad científica celebró un hito significativo con el reconocimiento oficial de una segunda especie de conejo en la Península Ibérica. Este revelador estudio, orquestado desde Córdoba por el IESA-CSIC en colaboración con diversas instituciones de España, Portugal y el Reino Unido, ha puesto de manifiesto la existencia del conejo ibérico (Oryctolagus algirus) junto al previamente conocido conejo europeo (Oryctolagus cuniculus). El conejo ibérico, cuyo nombre honra su procedencia exclusiva de la península (con poblaciones introducidas en algunas islas atlánticas y el norte de África), se extiende de forma natural por todo el territorio portugués y la región occidental de España. En contraste, el conejo europeo, aunque también originario de la península, predomina en el este español y se ha dispersado ampliamente por Europa, Oceanía, Argentina, Chile y numerosas islas oceánicas.
Los investigadores enfatizan que esta nueva clasificación no altera la realidad biológica intrínseca, sino que perfecciona nuestra comprensión de la misma. Rafael Villafuerte, uno de los principales investigadores españoles, destacó que ambas especies siempre han coexistido, pero es ahora, con el avance del conocimiento, que se puede «reinterpretar con mayor claridad resultados previos y formular planes de gestión y conservación más efectivos para cada especie». El estudio documenta una serie de diferencias cruciales entre ambas, abarcando aspectos genéticos, morfológicos, ecológicos, reproductivos y de comportamiento. Por ejemplo, el conejo ibérico es más pequeño y ligero que su pariente europeo, y produce camadas con menos descendientes. Las divergencias también se extienden a sus patrones de crecimiento, las comunidades parasitarias que los afectan, la composición de su microbioma intestinal y hasta las propiedades de su carne.
Estas dos especies, que antes se consideraban subespecies del conejo europeo, se separaron evolutivamente hace aproximadamente dos millones de años. Este aislamiento se produjo en dos refugios glaciares situados en extremos opuestos de la Península Ibérica: uno en el valle del Ebro y otro en el Golfo de Cádiz. A pesar de su similitud superficial, que durante más de un siglo llevó a considerarlos una única especie, las evidencias científicas actuales confirman sus trayectorias evolutivas, biología y estados de conservación diferenciados. Ambos conejos son elementos vitales de los ecosistemas mediterráneos, sirviendo como presa principal para al menos 40 especies de depredadores icónicos, incluido el emblemático lince ibérico. Sin embargo, mientras el conejo europeo mantiene poblaciones estables o incluso crecientes en ciertas áreas, el conejo ibérico experimenta un marcado declive en gran parte de su hábitat. Los autores advierten que continuar evaluando a ambas especies como una sola podría enmascarar la verdadera situación de la especie más vulnerable, dificultando la implementación de medidas de conservación específicas y eficaces. El reconocimiento de estas dos especies distintas es, por tanto, fundamental para optimizar los programas de monitoreo, las evaluaciones de su estado de conservación, las translocaciones, la planificación cinegética y las estrategias de recuperación, asegurando que las acciones se adapten a las necesidades únicas de cada una.
Este descubrimiento nos invita a reflexionar sobre la intrincada complejidad de la biodiversidad que nos rodea. La capacidad de discernir entre especies que a primera vista parecen idénticas subraya la importancia de la investigación científica continua y el rigor en la clasificación. Para la conservación, este hallazgo es un recordatorio crucial de que nuestras percepciones pueden ser limitadas y que cada especie, por pequeña que sea, juega un papel vital en el equilibrio de los ecosistemas. Nos insta a adoptar un enfoque más matizado y específico en la protección de la naturaleza, reconociendo que lo que funciona para una especie no necesariamente es aplicable a otra, incluso si son parientes cercanos. La supervivencia del lince ibérico y de otros depredadores emblemáticos depende directamente de una gestión informada y precisa de la población de conejos, haciendo de este estudio un pilar fundamental para el futuro de la biodiversidad en la Península Ibérica.

