La expansión del meloncillo en la Península Ibérica: un fenómeno impulsado por el clima y el cambio rural

La distribución del meloncillo en España está en constante evolución, extendiéndose más allá de sus límites tradicionales. Este carnívoro, único de su especie en Europa Occidental, se beneficia de condiciones ambientales cambiantes, como el calentamiento global y la transformación de paisajes rurales, que favorecen su avance hacia nuevas regiones. Este fenómeno ha generado un debate sobre su presencia y su impacto en los ecosistemas locales.

Este pequeño carnívoro, la única mangosta presente en el oeste de Europa, tradicionalmente ha habitado el suroeste de la Península Ibérica. Sin embargo, en los últimos años se ha observado su presencia en zonas más septentrionales y orientales. Expertos señalan que el incremento de las temperaturas, debido al cambio climático, y la creciente despoblación rural, que conlleva la recuperación de terrenos agrícolas por la vegetación natural, están creando las condiciones ideales para que esta especie colonice nuevos territorios. Por ejemplo, se han registrado avistamientos en La Rioja, donde cámaras trampa han capturado ejemplares en 2022 y este mismo año. Estos hallazgos, publicados por investigadores de Tragsatec y el Servicio de Gestión Forestal, evidencian un avance significativo de la especie, con avistamientos previos en Soria, Burgos y Segovia, conectando con Valladolid, donde ya está establecida.

Aunque el hábitat montañoso de La Rioja y la escasez de conejos, una de sus principales presas, hacen poco probable la existencia de una población reproductora estable en la zona, la continua llegada de individuos dispersores podría llevar al establecimiento de la especie en la Depresión del Ebro, un área con una alta densidad de conejos, lo que la convertiría en un hábitat favorable.

El meloncillo prefiere entornos cálidos, ya que parece tener dificultades para reproducirse en temperaturas medias inferiores a los 10 grados. Esta preferencia, combinada con la matorralización de terrenos agrícolas abandonados, crea un escenario óptimo para su expansión. Sobre su origen, la teoría predominante solía ser que fue introducido por humanos durante las ocupaciones musulmana o romana. No obstante, estudios genéticos recientes sugieren que el meloncillo llegó a la Península de forma natural desde África, aprovechando descensos en el nivel del mar, lo que lo clasificaría como una especie autóctona.

Esta discusión sobre su origen no es menor, ya que ciertos sectores, como el de la caza, argumentan que, al ser una especie alóctona, su presencia no debería ser tolerada, e incluso defienden su erradicación. Sin embargo, Pablo Ferreras, investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos del CSIC, refuta la idea de que el meloncillo sea una especie invasora o excesivamente abundante. Explica que, al ser el único carnívoro ibérico de hábitos diurnos y moverse en grupos familiares, es más visible, lo que puede dar la falsa impresión de una gran población.

En cuanto a su dieta, el meloncillo es un animal generalista que se adapta a una amplia variedad de recursos. Aunque su alimentación se basa principalmente en conejos en áreas donde estos abundan, los estudios han demostrado que su impacto en las poblaciones de caza menor, como conejos y perdices, es limitado. Por lo tanto, no se justifica el control letal de sus poblaciones, una práctica permitida en regiones como Extremadura y Andalucía.

En los últimos veinte años, la expansión del meloncillo ha sido innegable, con observaciones verificadas en el norte de Castilla y León, Galicia, La Rioja, Teruel, Comunidad Valenciana, Alicante, Almería y Soria, áreas donde no se tenía constancia de su presencia. Sin embargo, muchas de estas observaciones son puntuales y no siempre implican el establecimiento de poblaciones permanentes, sino más bien la dispersión de individuos que pueden no sobrevivir lo suficiente para reproducirse. La percepción de esta expansión varía: mientras que los cazadores a menudo se oponen a ella por temor a su impacto en la caza menor, los agricultores, que sufren daños en sus cultivos por parte de los conejos, pueden ver al meloncillo de forma más favorable.