Parque eólico portugués: un sorprendente oasis de vida marina en el Atlántico
En un fascinante hallazgo, un parque eólico marino en el Atlántico portugués ha demostrado ser un catalizador para el florecimiento de la vida submarina. El proyecto WindFloat Atlantic, operativo desde 2020 frente a Viana do Castelo, ha sido objeto de un exhaustivo monitoreo ambiental que ha desvelado la presencia de más de 270 especies, con un notable aumento en las poblaciones de pulpos y peces en sus inmediaciones. Este fenómeno se atribuye principalmente a la creación de un santuario libre de pesca y al “efecto arrecife” generado por las estructuras del parque, lo que ofrece un refugio seguro y nuevos hábitats para diversas formas de vida marina. Sin embargo, este desarrollo también subraya la complejidad de equilibrar la transición energética con los intereses de las comunidades pesqueras locales y la conservación de la biodiversidad.
El oasis submarino de Viana do Castelo: WindFloat Atlantic impulsa la biodiversidad marina
El parque eólico flotante WindFloat Atlantic, una instalación pionera ubicada a unos 18 kilómetros de la costa de Viana do Castelo, Portugal, ha revelado en un informe reciente, presentado en WindEurope 2026 en Madrid, un sorprendente enriquecimiento de la vida marina en sus proximidades. Tras ocho años de meticuloso seguimiento ambiental, se ha documentado la proliferación de más de 270 especies, con un incremento significativo en la abundancia de pulpos y diversas poblaciones de peces dentro del área del proyecto, en contraste con las zonas de control adyacentes. Este parque, con una capacidad de 25 MW y tres turbinas montadas sobre plataformas semisumergibles a profundidades de entre 95 y 100 metros, no solo ha generado 345 GWh de energía limpia desde 2020, abasteciendo a 25.000 hogares portugueses y evitando 33.000 toneladas de CO2 anuales, sino que también ha demostrado un inesperado rol en la conservación marina.
Los estudios realizados por Blue Grid, en colaboración con MARE (Universidad de Lisboa) y el Polítécnico de Leiria, destacan dos factores clave detrás de este fenómeno: la exclusión de la pesca comercial en la zona y el “efecto arrecife”. La ausencia de actividades pesqueras ha brindado a las especies marinas un refugio seguro, mientras que las plataformas semisumergibles han introducido superficies duras en un fondo predominantemente blando. Esto ha facilitado la colonización por organismos como mejillones, percebes y algas, que a su vez han creado una cadena alimentaria y hábitats para peces e invertebrados, explicando el aumento de pulpos, cuya abundancia alcanzó los 81 individuos por hectárea, frente a los 38 en las zonas de control. La biomasa de pulpos y peces también fue notablemente superior dentro del parque.
Además, el monitoreo ha registrado la presencia de cinco especies de mamíferos marinos, incluyendo delfines comunes y orcas, con una mayor actividad de cetáceos dentro del área del parque. En cuanto a las aves, se identificaron 33 especies, sin registrarse mortalidad por colisión con las turbinas. Sin embargo, el informe también advierte sobre la detección de siete especies no nativas, como el alga wakame, cuya expansión requiere vigilancia continua para prevenir posibles impactos ecológicos adversos. Estos hallazgos resaltan la importancia de un diseño y monitoreo ambiental rigurosos en proyectos de energía eólica marina.
Este caso del parque eólico WindFloat Atlantic ofrece una perspectiva reveladora sobre la coexistencia, a menudo compleja, entre la generación de energía renovable y la conservación ambiental. Si bien los datos sugieren un impacto positivo en la biodiversidad marina, no se deben ignorar los matices. La creación de un “refugio” para la vida marina, principalmente por la exclusión pesquera, plantea interrogantes sobre el desplazamiento de las comunidades pesqueras locales y la necesidad de integrar sus intereses en el desarrollo de estos proyectos. Este equilibrio delicado entre el progreso energético, la protección de los ecosistemas y el bienestar social de las poblaciones costeras es un desafío que requiere un diálogo continuo y soluciones innovadoras. La experiencia de Viana do Castelo nos insta a considerar la complejidad del mar como un ecosistema dinámico y no como un lienzo en blanco para la implementación de infraestructura, enfatizando que el éxito de la transición energética debe ir de la mano con una gestión ambiental y social responsable.

