La degradación ambiental: ¿El nuevo catalizador de crisis financieras?
La salud de nuestro planeta y la estabilidad económica global están entrelazadas de maneras que a menudo subestimamos. La continua degradación ambiental y la alarmante pérdida de biodiversidad no solo afectan los ecosistemas, sino que también ejercen una presión considerable sobre la capacidad productiva de las naciones. Lo más preocupante es que estos riesgos, que podrían desencadenar una crisis financiera de proporciones similares a la de 2008, no están siendo adecuadamente considerados en las evaluaciones de riesgo crediticio de la deuda soberana.
Recordando la crisis hipotecaria de 2008, que se originó con la sobrevaloración de hipotecas de alto riesgo y la falta de transparencia en su calificación, observamos un patrón inquietante. En aquella ocasión, las agencias de calificación crediticia no detectaron los riesgos inherentes a las hipotecas subprime, lo que provocó una desconfianza generalizada en los mercados y un colapso financiero global que requirió rescates bancarios multimillonarios, incluso en España.
Actualmente, un análisis liderado por el Bennett Institute for Innovation and Policy Acceleration de la Universidad de Sussex ha alertado sobre una situación análoga. Según este estudio, la subestimación de los riesgos asociados a la pérdida de biodiversidad está llevando a una valoración, gestión y asignación incorrecta de miles de millones de dólares en activos financieros a nivel global.
El informe, publicado en la revista Nature, pone el foco en la deuda soberana, que asciende a más de 83 billones de dólares y constituye una fuente esencial de inversión pública. El costo de esta deuda, determinado por las tasas de interés que los gobiernos pagan, es crucial para el desarrollo económico y actúa como un refugio en tiempos de incertidumbre. Sin embargo, en numerosos países, la capacidad para saldar estas deudas podría verse comprometida por la pérdida de capital natural, un factor que las agencias de calificación crediticia no están integrando en sus evaluaciones de solvencia nacional.
Los expertos advierten que ignorar riesgos novedosos y significativos puede tener repercusiones catastróficas a escala mundial. Para ilustrarlo, los autores del estudio evaluaron la deuda soberana de 23 países, incluyendo potencias como Estados Unidos y China, incorporando a sus modelos los riesgos derivados de la deforestación, la disminución de polinizadores silvestres y la sobreexplotación pesquera. Sus hallazgos revelaron que un colapso parcial en solo tres servicios ecosistémicos, como la polinización, la pesca marina y la madera tropical, podría resultar en una reducción anual de 2 billones de dólares en el PIB global para 2030.
En este escenario, naciones como Angola, Bangladesh, la República Democrática del Congo y Madagascar podrían experimentar una disminución superior al 15% de su PIB para la misma fecha. Los costes financieros también serían significativos: la India podría ver un incremento anual de 49.000 millones de dólares en el coste de su deuda, y China, de 70.000 millones. A nivel colectivo, los pagos adicionales de intereses entre los países analizados podrían alcanzar los 162.000 millones de dólares.
Un ejemplo clarificador es el de la tala de bosques tropicales. Aunque a corto plazo esta actividad pueda parecer que reduce el riesgo crediticio de un país al generar ingresos a partir del capital natural, a largo plazo, en realidad lo incrementa. Esto se debe a que disminuye la capacidad productiva de la economía y, por ende, la solvencia del país. La merma de solvencia forzará a los países a pagar primas de riesgo más altas, limitando su capacidad para endeudarse e invertir en áreas vitales como infraestructura, salud o educación, elevando así el riesgo de impago.
El estudio define un colapso parcial del ecosistema como una reducción del 90% en los servicios de polinización silvestre, una caída del 90% en la biomasa total de capturas de la pesca marina y la conversión del 88% de los bosques tropicales en pastizales o matorrales. Los investigadores enfatizan que los mercados financieros están subestimando sistemáticamente los riesgos vinculados a la naturaleza, con graves implicaciones para las finanzas públicas y la estabilidad financiera global, considerando que más de la mitad del PIB mundial depende directa o indirectamente de la naturaleza.
Históricamente, las iniciativas en materia de políticas y financiamiento de la biodiversidad han quedado rezagadas en comparación con los esfuerzos climáticos. Sin embargo, ante la creciente evidencia científica y económica, es fundamental que los riesgos financieros asociados a la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos sean integrados en las calificaciones soberanas. Actualmente, ninguna de las principales agencias de calificación crediticia incorpora explícitamente estos riesgos en sus metodologías, lo que representa una laguna preocupante en la evaluación de la estabilidad financiera mundial.

