La biomasa forestal no aprovechada en España aumenta el peligro de incendios devastadores
Los ecosistemas forestales de España se enfrentan a un desafío creciente: la acumulación masiva de material vegetal no utilizado. Más de 22 millones de toneladas de biomasa se acumulan en los montes, incrementando peligrosamente la carga combustible y, consecuentemente, el riesgo de incendios forestales de gran intensidad. Este fenómeno, combinado con la recurrencia de olas de calor, la despoblación de zonas rurales y el abandono de prácticas tradicionales, subraya la urgencia de una gestión forestal activa y sostenible.
La Península Ibérica, a menudo imaginada como un paisaje árido, alberga una vasta extensión forestal que supera la mitad de su territorio. Sin embargo, una parte significativa de esta riqueza natural, aproximadamente 28 millones de hectáreas, se encuentra en terrenos de propiedad privada, lo que dificulta una gestión unificada y eficiente. La falta de control sobre la vegetación, especialmente la materia muerta, se convierte en un detonante para fuegos incontrolables, especialmente en épocas de sequía prolongada. La limpieza y el mantenimiento regular de estas áreas son cruciales para contener la velocidad de propagación de los incendios.
Los expertos coinciden en que el verdadero peligro de un incendio no reside únicamente en la chispa inicial, sino en la acumulación excesiva de combustible vegetal. Con 22 millones de toneladas de biomasa sin aprovechar, cualquier incendio puede volverse más rápido, intenso y extremadamente difícil de sofocar. Actividades como el desbroce, el clareo, los tratamientos silvícolas y la recuperación de pastos no solo reducen la propagación del fuego, sino que también minimizan los impactos ambientales y económicos.
A pesar de contar con sistemas de extinción avanzados, España se enfrenta a incendios cada vez más complejos debido al cambio climático. Las olas de calor más frecuentes y las sequías prolongadas crean condiciones extremas, haciendo que los incendios sean impredecibles. La interacción entre la despoblación rural, el abandono de las actividades tradicionales y la sobreacumulación de biomasa genera escenarios donde incluso los equipos de emergencia más sofisticados luchan por contener las llamas.
Para abordar esta problemática, las organizaciones forestales demandan una fiscalidad forestal que impulse el sector. Proponen el reconocimiento del silvicultor activo, la creación de un registro de explotaciones forestales y deducciones fiscales para incentivar la inversión en la conservación y mantenimiento de los bosques. Además, buscan fomentar la agrupación de propietarios y adaptar las herramientas contables a los largos ciclos de producción forestal, con el fin de promover una gestión más rentable y eficaz.
El aprovechamiento de la biomasa forestal representa una oportunidad de crecimiento económico para las áreas rurales. Se estima que España podría incorporar un millón de toneladas adicionales de biomasa al mercado anualmente, lo que fortalecería la cadena de valor forestal. Este potencial económico podría generar ingresos de hasta 1.600 millones de euros, crear entre 2.500 y 3.500 puestos de trabajo directos e indirectos, y reducir las emisiones de CO2 en unas 580.000 toneladas al sustituir combustibles fósiles por fuentes renovables.
La explotación de este excedente maderero no solo generaría miles de empleos en el ámbito rural y una importante inyección de capital, sino que también permitiría transformar estos residuos en energía renovable, evitando así miles de toneladas de emisiones contaminantes y reduciendo la dependencia de los hidrocarburos. La combinación del abandono del pastoreo tradicional con las alteraciones climáticas extremas está desbordando los sistemas de extinción, generando fuegos impredecibles y destructivos para los ecosistemas de la península.
La prevención de incendios va más allá de los medios de extinción. Una gestión forestal proactiva, que reduzca el combustible acumulado y mejore la salud de los ecosistemas, es la verdadera primera línea de defensa. El uso sostenible de la biomasa ofrece una vía para armonizar la protección del medio ambiente con la generación de empleo rural, la independencia energética y la disminución de la contaminación. Transformar este recurso subutilizado en una estrategia integral podría ser determinante para el futuro de los montes españoles.

