Alexandra Cousteau Advierte: Los Océanos en Peligro, Urge Acción Global
Alexandra Cousteau, oceanógrafa y destacada asesora de Oceana, una organización global para la conservación marina, ha emitido una severa advertencia sobre el deterioro alarmante de los océanos. Con una perspectiva heredada de su célebre abuelo, Jacques Cousteau, señala que él estaría "completamente insatisfecho" con la situación actual, caracterizada por mares más cálidos, una preocupante disminución de la vida marina y una proliferación de desechos flotantes. Este llamado de atención cobra especial relevancia en España, justo cuando se inicia la temporada de playa y pesca, y subraya la urgencia de adoptar medidas concretas y efectivas para salvaguardar estos vitales ecosistemas. La experta enfatiza la interconexión entre el cambio climático y problemas históricos como la sobrepesca y la contaminación, resaltando que la solución requiere un compromiso integral que va más allá de las buenas intenciones, instando a proteger más, reducir desechos y tomar decisiones conscientes sobre el consumo de productos marinos.
La presencia de Cousteau en Madrid, en el marco de una reunión del Consejo Directivo Internacional de Oceana, sirvió para amplificar su mensaje. Como asesora principal, su rol es fundamental para guiar las estrategias y visibilizar las campañas de la organización. Durante su intervención, desgranó los desafíos que enfrentan los océanos: la pesca excesiva, la contaminación masiva, especialmente por plásticos, la drástica reducción de la biodiversidad y los efectos devastadores del cambio climático. Subrayó que estos problemas no actúan de forma aislada, sino que se refuerzan mutuamente, creando un escenario de crisis ambiental sin precedentes que exige una respuesta coordinada y de gran alcance.
Uno de los puntos críticos señalados es el calentamiento del Mediterráneo. Un informe de la red científica MedECC reveló que, mientras el planeta ha experimentado un aumento de 1 ºC en su temperatura global con respecto a la era preindustrial, la cuenca mediterránea, tanto terrestre como marina, ha sufrido un incremento de 1,5 ºC, superando incluso los 2 ºC en los meses de verano. Este calentamiento anómalo genera olas de calor marinas, que no solo provocan estrés en especies sensibles, sino que también las obligan a migrar o, en el peor de los casos, a desaparecer de sus hábitats tradicionales. Para las poblaciones costeras, esto se traduce en una alteración perceptible del ritmo marino y un impacto directo en sus medios de vida y el disfrute de sus entornos naturales.
Es crucial recordar el papel silencioso pero vital de los océanos en la mitigación del cambio climático. Según el IPCC, los océanos han absorbido más del 90% del calor excedente del sistema climático desde 1970, lo que ha proporcionado un margen invaluable para la vida terrestre, aunque a costa de su propio calentamiento. Además, desde la década de 1980, han absorbido entre el 20% y el 30% de las emisiones antropogénicas de CO2, un proceso que lleva a la acidificación del agua. Por ello, la insistencia de Cousteau en mantener los océanos "vivos" y resilientes no se limita a la protección de especies marinas, sino que es una cuestión fundamental para la estabilidad climática global.
A pesar de los avances en la superficie marina protegida en España, donde en 2025 se anunció una ampliación que elevaba la cifra al 22,45%, acercándose al 25% comprometido, la efectividad de estas medidas es cuestionable. Oceana, basándose en un estudio propio de mayo de 2025, advirtió que solo un minúsculo 0,014% de la superficie marina española goza de los niveles máximos de protección. Esta discrepancia es notable si se compara con el objetivo europeo de alcanzar un 10% de protección estricta para 2030. Un caso ilustrativo es el Parque Nacional Marítimo Terrestre del Archipiélago de Cabrera, cuya gestión ha sufrido retrasos, posponiéndose hasta 2027. La organización aboga por la creación de zonas de protección estricta significativas, pero recalca la necesidad de una gestión eficaz y la implementación de acciones concretas.
La crisis del plástico se ha hecho evidente y tangible cuando la sociedad comenzó a observar "las pruebas en la orilla", creando una conexión inmediata con el mar. La presencia de bolsas y envases entre las algas resulta chocante para cualquiera que disfrute de las costas. No obstante, Cousteau enfatiza que este no debe ser considerado un problema exclusivamente individual. El plástico contamina el sistema por múltiples vías, lo que exige la implementación de mecanismos robustos para su reciclaje, reutilización y una verdadera reducción del uso de productos desechables. La discusión no se centra únicamente en la gestión de residuos, sino que abarca una transformación profunda en los modelos de fabricación, venta y consumo.
Frente a estos desafíos, existen acciones sencillas pero impactantes que cualquier individuo puede adoptar. Al visitar la playa, asistir a eventos o comer fuera, es fundamental ser consciente de los residuos generados y minimizar el uso de plásticos de un solo uso. Recoger la basura, incluso si no es propia, contribuye significativamente a preservar la limpieza de los ecosistemas marinos. En el ámbito de la alimentación, se recomienda informarse sobre el origen y la sostenibilidad del marisco y pescado consumido, apoyando así a las comunidades pesqueras locales y promoviendo prácticas que garanticen la viabilidad futura de los recursos marinos. La oceanógrafa resume esta idea con la convicción de que el mar y la cultura están intrínsecamente ligados, pero es imperativo cuestionar si lo que se compra proviene de una pesca sostenible.
La impactante declaración de Cousteau sobre España resalta la inminencia del riesgo: "No me imaginaría a la España de la próxima década no teniendo bacalao, bonitas playas o una bonita relación con el océano". Esta afirmación no establece una fecha límite, sino que pone de manifiesto el peligro de aceptar la degradación marina como algo normal. Si el Mediterráneo continúa calentándose, los ecosistemas pierden su vitalidad y la contaminación persiste, las consecuencias irán más allá de las imágenes de playas sucias. Se manifestarán en una disminución de la pesca, una mayor presión sobre la industria turística y un aumento de la vulnerabilidad ante un clima cuya estabilidad depende, en gran medida, del estado de nuestros océanos.

